
Imagínate un espejo que en lugar de reflejar tu físico, reflejara tu propia alma. Algo así parecido a “El Retrato De Dorian Gray”, pero en cristal.
Así reflejaría que tan joven o envejecida. Que tan brillante u oscura está tu alma. Y en lugar de preocuparte por tu apariencia física, te encargarías de embellecer cada día más tu esencia personal.
Si existiera ese espejo, ¿te atreverías a mirarlo todas las mañanas al despertar? ¿Te asustaría lo que ves? ¿O te enamorarías de su reflejo?
Carlos D’ Ortíz
