A Mi Hija

  Hija, sé que a veces no nos entendemos, pues no podemos ver las cosas desde las mismas perspectivas. Tu visión del mundo que nos rodea es orientada a la exploración. Para ti todo lo que ves es nuevo y deslumbrante, para mí muchas cosas que tú apenas conoces ya no me deslumbran. Con el adquirir de los años uno va aprendiendo a definir las cosas que importan y las que no, de esa forma aprendes a ser mas selectivo con tus propios gustos. Estoy consciente de que a veces mis ideas podrán parecerte un poco obsoletas y aburridas, pero déjame decirte que la vida es así, a nosotros los adultos ya no nos impresionan tanto las modas, pues tenemos otras cosas mas importantes en que pensar y dedicar nuestro tiempo.

  Cuando llegues a mi edad te darás cuenta de lo que te estoy hablando, no es lo mismo estar pensando solamente en cual será la nueva canción del cantante de moda, o cual es el celular mas reciente, que pensar en pagar las cuentas a fin de mes o arreglar el auto que se acaba de descomponer.
  Cómo tu padre que soy, siempre voy a querer darte lo mejor, aunque a veces no pueda hacerlo. Y aunque a veces yo tenga que sacrificarme para complacerte, lo hago con todo mi amor. Pero yo prefiero que tú aprendas el valor de las cosas, el valor del esfuerzo que hacemos tus padres para entregarte lo mejor de nosotros; porque no es la ropa de marca, no es el celular de moda, no es llevarte al concierto de tu cantante favorito, es el esfuerzo que hacemos para poder complacerte; eso es lo que quiero que aprendas a valorar.
  No me gusta que te enojes cuando por alguna razón no puedo complacerte, porque no es que no quiera, de mi parte quisiera entregarte todo lo que te ponga una sonrisa en tu rostro, pero no siempre se puede, o simplemente, no siempre se debe.
  Perdóname si en alguna ocasión te he hecho sentir mal, todos somos humanos, y cómo tales, cometemos errores, por eso siempre debemos de saber perdonar. Nuestro Gran Maestro Jesús decía que debemos de aprender a perdonar con todo nuestro corazón. Él sabe que para tener paz espiritual debemos de quitar de nuestro corazón las cosas que nos hacen sentir mal; y el no perdonar, lejos de hacerle daño a quien no has perdonado, te hace daño a ti misma.
  Esta noche discutimos y me dijiste que yo te hice sentir mal; y te lo repito: “Perdóname”, no era mi intención, pero en realidad tú no me entendiste y yo tampoco te entendí, los dos nos alteramos y nos levantamos la voz y eso provocó que ambos nos sintieramos mal en nuestro corazón. Pero nos amamos y nunca dejaremos de amarnos aunque discutamos.

  Soy tu padre y te amo tanto; y sé que tú al igual me amas. Una discusión no es mas grande que este amor eterno que nos tenemos. Y nada ni nadie podrá romper jamás el hilo del destino con el que Dios ha unido nuestras almas.

CD’ O



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